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Martina Martínez Tuya 


 

          Mujeres en la rosa de los vientos 

               Presentación y firma de ejemplares
 

 

 

Mujeres muy distintas,  tiempos,  lugares,  situaciones muy diferentes.

Mujeres siempre empezando de nuevo.

Paisajes hechos sensaciones.  Paisajes que llevan al relato, que lo detienen cuando no se puede resistir la tensión que genera, que lo cambia, que lo rememora.

Mujeres que van de dentro a fuera; de fuera a lo más profundo de sí mismas.  Mujeres que saben el riesgo que corren de perderse.

 

 
 
 

 

" Yo no podía gritar, no podía ni hablar. Si lo hacía , si él tenía la sospecha de que podían oírme desde abajo, su puño iba certero a cualquier parte, a cualquier parte menos a la cara. La cara, la cara era un lugar prohibido y yo hubiera dado cualquier cosa con tal de amanecer con un ojo amoratado, con la nariz hinchada, con media cara a punto de reventar. Hubiera dado cualquier cosa por salir y gritar a todo el mundo lo que me había hecho, lo que hacía ese hombre, lo que hacían todos los hombres de esa familia. Esa familia guardaba su violencia y fuera de la casa eran hombres callados  y respetuosos, respetados también. ¡ Qué engaño! Engañaban a todo el mundo, a todos menos a mi madre. Ella lo sabía , lo sabía y quiso prevenirme. Yo no le hice caso. Yo no veía ni sabía. Yo no era capaz de razonar, de pensar en nada que no fuera en él. Tampoco pensaba realmente. Era todo sentido; era como si no hubiera nadie más en el mundo, como si fuera de ese destino con él no pudiera seguir viviendo. ¡ Qué locura! ¡Yo estaba loca! Yo estaba loca por él."

Angustias, pág. 20.
 

 
 
 

 

" Mujer, que has vivido bajo el sol que enciende el tomillo y el romero, que deja florecer la mejorana y la jara, que aún te detienes  un instante a la caída de la tarde para oler el monte. Sientes la blanda, el olor del campo que te lleva sin querer a cuando cerrabas la puerta y dormías sin más compañía que tus hijos y las estrellas.

Has llorado tu vida muchas veces, y es así como la has vencido. Has trabajado durante años y librado tus batallas sin darles la menor importancia."

Dolores, pág. 31

 

 
 
   

" ¿ Cómo es un presentimiento? ¿ Cómo saber que la certeza del hombre que se acerca no es el destino mismo que ofrece ese instante y pasa una vez y no vuelve nunca más? ¿ Cómo distinguir el bien y el mal cuando ya nada es lo que era, cuando ya no existe más que un susurro que se hace eco y nos acoge en un ir y venir que sentimos como eterno?

¿ Cómo escapar el instante mágico del día que termina y que enciende el campo con una luz que sólo puede perderse y perdernos?

Ella sólo fue la mujer que no supo qué le sucedía, que e abrió de pronto a un misterio que la superaba, que se sintió sorprendida por todo lo que había en ella y que hasta entonces  no pudo ni imaginar."

Olvido, pág. 53

 

 
 
   

" Hay instantes que no tienen lugar ni tiempo, que son entre dos pero que se viven en la sorpresa de haberlos creído nunca posibles. Son instantes en los que respondemos como si recitásemos un poema, como si desde que tenemos memoria  no hubiéramos hecho otra cosa que prepararnos para vivirlos.

Entregamos la razón la voluntad, y daríamos la misma vida por la certeza de conservarlos por algún tiempo."

Milagros, pág. 65

 

 
 
 

 

" No quería pensar, no quería saber, no quería sentir nada que no fuera el abandono que recordaba, que me llevaba, como en los cuentos, a ese bosque mágico  de luz y cristal glauco en el que el tiempo se detenía , en el que la juventud podía ser eterna"

Soledad, pág. 112

 

 
 
   

" Lo que queda de la niña pequeña y rubia camina hacia el pueblo por la carretera de los pinares.

Va, voy, sola, otra vez sola, al encuentro de aquella niña que tenía ilusiones, que tenía fuerza para creer en ellas, que tuvo el valor de mantenerlas, de alcanzar lo que quería.

Voy en busca del sol tibio del amanecer, del rumor del río, de las manos que se meten en la espuma de la pequeña cascada junto al puente. Voy en busca de la fuerza de aquella niña que fui, ahora que tendré que imaginar de nuevo mi vida."

Prudencia, pág. 126

 

 
 
   

Presentación y firma de ejemplares
 

 

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