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Martina Martínez Tuya 

 

Cuando sopla el Ábrego   (fragmentos)

 

 

     Asturias amanece dulcemente, suavemente, con la luz que deja pasar el orpín, la niebla, o ese ligerísimo velo que silencia los pasos, que deja el bosque húmedo y callado. Cuando sopla el Ábrego, el viento seco del sur, el sol cubre los prados, entra hasta el suelo en los bosques más tupidos, llena de sonidos los pasos de los aldeanos.

      "El sol salió y el bosque empezó a llenarse de rayos que recorrían el aire desde las copas de los árboles hasta los helechos formando líneas inclinadas, muy inclinadas; rompiendo la atmósfera traslúcida en finos haces de luz que cambiaban de color cuando él los quebraba con su cuerpo y con sus brazos  cada vez que los alzaba para rasgar la cortina de hilos blancos y brillantes que las telarañas dibujaban,"

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     José, el protagonista de esta historia, vive en la aldea, trabaja en su huerto o en los hermosos jardines de las quintas. Vive de la tierra y la ama como ama a su familia y a sus vecinos. Con ellos baja a la mar en las grandes mareas.

      " Septiembre es el mes de las grandes mareas; de pleamares que amenazan con inundar los prados, con romper los espigones del puerto, con subir monte arriba después de haber tapado la playa. Cuando no hay temporal, ese mar que amenaza con llenarlo todo deja tras de sí lugares que nunca , salvo entonces, puede pisar el hombre...

     La bajamar descubre otro mundo más allá del que se recupera cada día cuando el mar abandona sus orillas a los rayos tibios del sol o de la luna, al aire que roza sin moverlos sus granos de arena, a las algas que perdieron la batalla en el batir despiadado de las olas. Tantos pies, en una marea, quiere decir algo concreto: una peña que quedará al descubierto durante equis tiempo, un agujero que quedará aislado con todos sus habitantes dentro atrapados durante una hora o menos, pero al alcance de cualquier gancho dirigido por una mano experta, un paso entre dos rocas que descubre un lugar insólito, una reserva de mejillones o de percebes grandes y abundantes.

     Toda esa información medida en tiempo, en un tiempo preciso que tiene que ser respetado porque los aldeanos  han aprendido desde niños que es el que separa la vida de la muerte, de esa muerte terrible contra las peñas."

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      Como los demás hombres, parece que es el que tiene el poder, pero el poder... lo tenían las mujeres.

      " Mientras hubiera lavadero, las mujeres serían las amas del pueblo. Ellas eran el juez que entendía de todos los asuntos. Si alguien caía en desgracia, si el lavadero lo convertía en objeto de sus críticas, estaba perdido. Aquel juzgado popular e inapelable tenía poder sobre vidas y haciendas. Ellas hacían la ley moral. Ellas hacían las trampas a esa misma ley.... Ellas pactaban los matrimonios, valoraban las haciendas, daban el placet a los amantes, a los novios. Ellas echaban del pueblo a todos aquellos que habían sido declarados non gratos. El Sr. Cura, el Alcalde pedáneo, el recaudador, todos estaban bajo su poder: todos sabían que ellas lo sabían todo."

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     Las aldeanas se reunían en el lavadero. La aldea al completo, todas las aldeas de los alrededores, se reunían el día de la fiesta...

      " Fiesta Mayor, casi siempre en verano, nunca en pleno invierno. Fiesta dedicada a una Virgen o a un Santo. Fiesta con invitados, con comida de fiesta..."

      " Se sirve la sopa hirviendo... La gallina ha dejado su sabor y su carne desmenuzada en un caldo transparente y oloroso. El huevo picado alardea de blanco entre los demás tropezones. Los fideos navegan a la deriva, aislados a base de ser pocos, en el mar inmenso y profundo de los platos soperos.

     ...Las fabes grandes, enormes, están enteras y se dejan cubrir por un caldo ligeramente espeso y amarillo que dice, en su tono levemente rojizo, que el azafrán ha traído de muy lejos su aroma y color inconfundibles...."

         La sidra, siempre la sidra en el rito de compartir.

      " la sidra cae desde lo más alto estrellándose en el vaso que la acoge haciéndola quebrarse en espuma.

     ...La sidra daba la vuelta a la mesa con su rumor inconfundible.

     La sidra volvía a su ronda, a su cita con los más rápidos y finalmente con los más rezagados.¿ Cuánto habían andado las sombras desde que empezaron a comer?"

      De postre, siempre arroz con leche. Una comida de fiesta, una comida interminable.

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     "La música hace rato que invade el valle. Suena lejana, perdida. Es como el rumor del agua cuando se dormita junto a un arroyo.

     ¿A qué hora sonará  la llamada urgente  a amor, a alegría, a nostalgia del tiempo que ya no volverá, a los sueños de un día  que nunca pasaron a ser realidad?

     La música suena cada vez más lejana. Se aleja con los años, con las ilusiones perdidas, con el relevo de las generaciones. Se aleja pero sigue sonando. Seguirá sonando. Sonará siempre el día de la fiesta. Llenará el valle y los ecos de la gaita correrán dulcemente hasta llenar todos los espacios libres, hasta hacerse un todo con la tierra, hasta caer en ella con la lluvia, hasta subir alto, muy alto con la bruma que se levanta al anochecer."

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     Para José, su tierra, sus plantas, le pertenecían porque él las amaba. Quedaron en el mundo y siempre serán suyas.

      " Tus heliotropos  te han sobrevivido. Siguen allí, recibiendo al sol, altos, perfumados, magníficos. Siguen mostrando sus flores azul pálido todos los veranos.

     Tus laureles reales siguen redondos, compactos, dibujando el jardín francés  que tú hiciste brotar tallo a tallo, boj a boj. Desafían la pendiente imposible. Son, en sus terrazas escalonadas, la mejor garantía de tu esmero, de tu dedicación

     ¿Cuántas hortensias de azul intenso son tuyas, repartidas por todos los jardines del valle?

     Los magnolios, tus magnolios son cada vez más grandes, más imponentes  sobre el fondo del cielo y llenan el aire del olor apasionado y tenue de sus grandes flores blancas. Apenas consigue moverlos el viento. Sus hojas verdes y marrones, de charol y fino terciopelo, parecen eternas...

     Castaños con nombre, nogales que aún tardarán en hacerse enormes, robles que sólo hoy comienzan a ser algo más que árboles jóvenes. Un mundo que tú sacaste de la tierra, que cuidaste, que creció con tu dedicación, que has dejado en herencia al mundo."

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